El arte de quedarse quieto

Parece tan fácil: quedarse quieto.

Concretamente con la fotografía estar quieto es crucial.

No me refiero aquí al momento de quedarse quieto para hacer la fotografía con la cámara.

Sino a quedarse quieto mucho antes de la acción final de apretar el botón.

A ver realmente si es necesario llegar a detenerse por completo, para quedarse quieto.

Velocidad física

A menudo vamos simplemente demasiado deprisa, ya sea caminando o conduciendo.

Vamos demasiado deprisa para sentir lo que nos toca.

Vamos sencillamente demasiado deprisa para poder dejar que penetre la resonancia.

No me refiero aquí a la velocidad física excesiva, como estar en plan deportivo.

Una velocidad firme para caminar ya es demasiado rápida para ver realmente.

Vemos, pero de manera convencional.

Tenemos los ojos abiertos y vemos sólo para saber lo que es.

Sólo tenemos conciencia visual suficiente para ir de A a B y llegar a salvo.

Velocidad mental

Con velocidad mental significa sencillamente que tenemos demasiados pensamientos.

Estamos completamente atentos pensando sobre algo, no disponibles a la atención visual.

Tenemos los ojos abiertos y no vemos mucho, porque estamos completamente implicados en mantener un diálogo interior con uno/a mismo/a.

La mayoría de las veces pensando en una conversación que hemos tenido con otras personas, y volver a repasarla, lo que habríamos dicho en vez de lo que dijimos.

mantenemos conversaciones internas, con los demás y con nosotros. En nuestro interior.

Y repetimos esto en variaciones infinitas, una y otra vez.

Y experimentamos los sentimientos, las emociones y los pensamientos consiguientes que todo esto conlleva.

Completamente absortos/as por dentro.

Otra forma de explicarlo: estamos completamente atentos, somos muy conscientes, completamente centrados en nuestro interior.

Nos deslizamos por el mundo

Con la velocidad física y mental apenas tocamos el mundo cotidiano: nos deslizamos por él.

Tenemos los ojos abiertos pero apenas vemos.

Con esta velocidad apenas resulta tocado el corazón tierno inherente.

Pero, al observar mucho más de cerca, estamos afectados a lo largo del día, a través de los sentidos.

Porque hay espacio entre todos los pensamientos.

Una corriente de pensamientos no es continua.

Entre pensamientos, cuando una ha terminado y el siguiente aún no ha comenzado, hay una brecha.

Se produce un instante breve de nada.

En estas brechas experimentamos momentos de asombro por el mundo cotidiano, una y otra vez.

Nos toca muy brevemente, pero sencillamente no lo notamos o prestamos demasiado poca atención.

Estamos de camino al pensamiento siguiente, al sitio siguiente, a la reunión siguiente.

Con la velocidad sencillamente no estamos disponibles.

¿Por qué detenerse y quedarse quieto?

Quedarse quieto ofrece la oportunidad de aterrizar en el espacio entre los pensamientos.

En el espacio de la quietud interior.

Este silencio interno es el mismo espacio que la “brecha”: este espacio no es otro espacio nuevo.

Especialmente al comenzar a comprender la sensación de brecha, es como un umbral de nuestra espaciosidad interna.

Sin embargo no hemos estabilizado aún nuestra quietud interna y esto no se equilibra estando en acción.

Quedarse quieto: en la calle, en la naturaleza, en la casa o en algún sitio de un pasillo, en cualquier lado, ofrece la oportunidad de calmar la velocidad mental y física.

 Atención a la brecha

¡Quedarse quieto es sano!

El ejercicio es sano, y quedarse quieto es sano.

Con la intención de quedarse quieto y visualmente estar despierto y más consciente.

Quedarse quieto de esta manera se convierte en una práctica.

Crea la oportunidad de calmar el cuerpo y armonizar todo tipo de procesos fisiológicos, neurológicos e inclusos procesos celulares.

Respirar, el latido del corazón, las tensiones musculares, los movimientos del vientre, etcétera, descansan y cambian las ondas cerebrales.

Si nos detenemos con regularidad, nos quedamos quietos y miramos alrededor con atención, los hábitos de tensión y preocupación se rompen en ese mismo instante.

Esto produce un efecto positivo en el cuerpo.

Quedarse quieto, quedarse quieto e invertir tiempo con la intención de estar más consciente visualmente es una manera fácil de calmar, armonizar y recargar.

Se puede hacer esto en cualquier sitio y en cualquier momento del día.

Quedarse quieto a propósito

Con la intención de estar disponible; para mirar con ojos despiertos, para poder ver verdaderamente.

Ver verdaderamente significa:

  • aplicamos conscientemente la conciencia visual
  • tenemos el corazón abierto
  • la mente está disponible para notar lo que resuena de lo que nos rodea directamente
  • la mente, el corazón y los ojos se encuentran en el mismo eje

¿Cómo llegamos a detenernos?

¡Parece tan sencillo…!

Sin embargo lo que oigo habitualmente en los talleres de Miksang por parte de los estudiantes cuando estamos haciendo una pausa (y realmente nos sentamos un instante) no siempre es fácil.

Todo empieza con la voluntad.

Hay que tener la voluntad de detenerse.

Porque llegar a detenerse por completo va a menudo contra los hábitos bien acostumbrados:

  • el hábito de buscar y querer encontrar buenas fotos
  • el hábito de pensar que una buena foto se encuentra en otra parte
  • el hábito de sentir la presión por lograr algo
  • el hábito de tener que llegar a algún sitio puntualmente
  • el hábito de seguir caminando cuando ya nos sentimos cansados y necesitados de una pausa

Hay que permitirse estar quieto

Nuestro cuerpo es muy inteligente y lanza señales, todo el tiempo.

  • Hay que ralentizar: caminar algo más despacio
  • Notar cuándo sentimos que es el momento de detenerse: no pensar sobre ello sino notarlo realmente, y sentirlo
  • Seguir y detenerse. Quedarse quieto: ahí mismo, o buscar un sitio cerca, seguro para quedarse quieto

Soltar la narración

Al mirar alrededor, soltar cualquier narración que surja en cuanto experimentamos una percepción sensorial.

  • Estar plenamente presente donde estemos
  • Notar una experiencia de ver algo
  • Sentir la experiencia
  • Mantenerse en la experiencia. Hasta que se disuelve con naturalidad.

Cuando nos involucramos mirando y viendo, quizá surja una narración, quizá surja un pensamiento. Y encontramos que podemos seguirlos.

En cuanto lo notamos, hay que soltar la narración.

Suelta la narración.

Suelta la narración.

Quédate quieto.

Apóyate en la quietud interior: sin explicaciones, sin interpretaciones, sin conclusiones y sin asociaciones.

¿Cómo se hace esto realmente?

En pie o sentado, en algún sitio donde uno se encuentre a salvo.

  • Comienza por enraizarte, de esta manera:
  • Cierra los ojos o déjalos abiertos
  • Inspira y espira, unas cuantas veces, conscientemente. Hasta sentirse más enraizado en el vientre y el torso
  • Escucha los sonidos, siente la temperatura, siente el viento
  • Siente los pies en la tierra
  • Siente todo el cuerpo
  • Visualiza una línea perpendicular por la columna vertebral, desde la pelvis hasta la coronilla y viceversa, hasta sentirse más alargado y estirado
  • Visualiza un hilo dorado que va de la coronilla hacia el cielo y siente la expansión y la espaciosidad
  • Siente que eres la conexión entre el cielo y la tierra, enraizado/a, respirando, con el corazón como lugar de conexión, el lugar de la verdadera creatividad y expresión
  • Ahora abre los ojos. Adáptate, relájate y mira alrededor
  • Observa, y deja que penetren las experiencias visuales que experimentas

Quédate quieto.

Sólo existe este momento

No hay otro sitio ni momento para estar.

Es perfectamente bueno estar aquí ahora mismo.

Estás a salvo donde estás.

Estás exactamente en el lugar adecuado y en el momento adecuado.

Tienes este momento.

Estás aquí y ahora.

Estás presente, con los ojos abiertos.

Sólo tienes este momento.

Sólo existe este momento.

La magia de quedarse quieto

Los sentidos abiertos por completo.

El corazón abierto.

Sintiéndose expandido y entra más suavidad.

La belleza se acerca.

El arte de quedarse quieto

Esto es lo que muestran todas las fotos exitosas de Miksang, de todos los practicantes de Miksang.

El arte de quedarse quieto y la resonancia extraordinaria de ver algo de repente.

Y dejar que penetre por completo.

Desde el corazón, a través de la cámara, a través de la fotografía directa a otro corazón.

 

©Hèlen A Vink, 18 agosto 2018

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