Enamorada del mundo cotidiano

Todos los días veo algo hermoso.
Todos los días algo me llama la atención.
Todos los días algo me estremece al menos una o dos veces.

Con la cámara al pasear y sin la cámara.

Especialmente sin la cámara veo más belleza que antes en mi entorno cotidiano.
Ahora, después de practicar durante 10 años el arte de la fotografía contemplativa, la práctica de pasear con los ojos bien abiertos, el corazón y la mente también abiertos y encantada con la curiosidad por mi mundo cotidiana con la cámara.

Enamorarse se convierte en un gran amor y amplia gratitud.

Y cuando se acaba la luz del día sin haber visto algo verdaderamente, sin haber conectado plenamente con una percepción nueva, lo echo de menos.

Ver desde el corazón

Esto no ocurre de un día para otro ni se desplegó con toda su gloria después de participar en el primer taller que hice.
Tampoco un buen ojo especial ni el talente de ser o convertirme en una gran fotógrafa.

Lo que pasó el primer día de mi primer taller de Miksang fue que mi vista clara se despertó plenamente conectada al corazón. Más allá de mi comprensión intelectual.

Ver desde el corazón fue una experiencia inolvidable.

Todos ya experimentamos la visión clara de forma muy natural y espontánea porque ver claramente es natural e innato en todos nosotros. Pero no sabemos cómo podemos hacerlo sin cesar ni cómo entrenarnos en ello.

Me he vuelto realmente buena

Practicando la fotografía contemplativa me he vuelto realmente buena para:

  • notar algo de repente
  • dejar que penetre
  • invertir tiempo para discernir mi percepción pura
  • no razonar el relámpago de la percepción ni apagar mi resonancia visual jubilosa
  • reconocer la resonancia de mi corazón al ver algo nuevo y quedarme con eso cuando decido hacer la foto

Me he vuelto buena para fotografiar el primer momento de ver algo nuevo, el relámpago de la percepción… de forma clara y metódica.

Se ha estabilizado mi vista clara.

La vista clara no es un estado sólido y la mía se sigue expandiendo. Además, mantengo mi vista clara cuando practico soltar el pensamiento razonado y la tendencia a volverme ambiciosa, del tipo !quiero decir algo especial con mi foto».

¡Me hace verdaderamente feliz apoyarme en no saber y en no tener que saber qué fotografiar!

Queres fotografiar algo y trabajar (mucho) es sumamente agotador… 

Sorprenderme cuando veo algo de repente y seguirlo de forma fotográfica relajada y calmada siempre va acompañado de ternura y gratitud: la caricia por todo mi ser. Esto da energía.

El mundo es hermoso

No porque esté obsesionada y me enamore (de alguien) y ahora todo es hermoso, haciendo muy romántico mi mundo diario. En ese sentido hacerlo romántico significa descuidar las cosas; nos volvemos selectivos y reforzamos las preferencias que nos creamos.

Estar enamorada de mi mundo cotidiana se ha convertido en gran amor.

Porque he descubierto la belleza incondicional.
Porque he descubierto cómo conectar con la belleza.
Porque he descubierto que la belleza del mundo es infinita y espera pacientemente a ser vista.

Todos los días siento algo que me estremece, a veces muy suavemente y otras veces, a gritos; pequeños estremecimientos inconfundibles al ver algo de repente en mi entorno cotidiano. Siempre como una sorpresa. 

Celebrar el amor

Celebro este amor especial al expresarlo creativamente de forma fotográfica.

Un instante a la vez.

Expreso la elegancia de mi mundo de fenómenos de forma precisa, amistosa y auténtica. Gracias a la expresión creativa honro la conexión con mi mundo cotidiano y mis momentos exceptionales de estremecimiento.

¿Por qué nos enamoramos?

¿Por qué nos enamoramos de una persona concreta, entre todos los trillones de personas del mundo?

El ‘por qué’ es inexplicable.

Sólo ocurre.

Es una conexión profunda que sentimos, como una resonancia personal excepcional. Retrospectivamente sabemos cuándo y dónde ¡pero el momento en sí llega como una sorpresa total! Directamente a través de todos nuestros pensamientos, preferencias y opiniones.

Y cuando enamorarse es muto y correspondido, el enamoramiento crece y cambia. O, tras un tiempo, disminuye.

Lo realmente maravilloso y sencillo de fotografiar es que no necesitamos esperar a una pareja ni una confirmación.

¡Siempre podemos entrar ahí de pleno!

Este mundo nos garantiza generosidad fundamental.

Si se convierte en algo demasiado complicado o resulta demasiado trabajoso, es fácil soltar: sencillamente nos vamos a otro sitio.
Conocer el mundo de la belleza cotidiana es infinito.

Mirar y ver ocurre a diario, en cada instante

Los ojos dominan el resto de los sentidos, se usan más. La excepción a la regla es la ceguera o cualquier otro trastorno visual que obstruya la visión y, entonces, domina otro sentido.

Mirar y ver es algo que hacemos a diario, todo el día.
Mirar y ver está estrechamente relacionado con pensar.

Porqu… en cuanto vemos algo pensamos inmediatamente sobre ello. Pensar, formar opiniones y hacer asociaciones ocurre en una fracción de segundo.
Primero vemos algo. Experimentamos una percepción directa, sin palabras. Luego surge una palabra y el pensamiento interior se pone en marcha a toda velocidad. Esta velocidad y variedad de pensamientos ocurre a veces de forma inconsciente. Ni siquiera sabemos dónde comenzó. En un momento dado experimentamos una opinión completamente formada o lo que queremos hacer con ello.

Como fotógrafos/creativos/personas a menudo soltamos la verdadera vista nueva y la mezclamos con pensar en las fotos, centrados en el producto final:  “esto resultará una gran foto” o “no merece la pena fotografiar esto”.

Ver claramente carece de interpretación mental, opiniones y juicios.

Las opiniones son contagiosas

A menudo el mundo cotidiana nos invita, seduce y tienta para formar opiniones.

Las opiniones son como gérmenes fríos. Vuelan por el aire y, antes de que nos demos cuenta, hemos agarrado uno. Hablamos con alguien, visitamos un lugar y ¡plaf! ya tenemos otra opinión. En seguida nos convertimos en contagiosos para los demás, según sea su resistencia se les puede infectar o no y, por supuesto, depende de cómo damos a conocer nuestra opinión. Los sitios donde se reúne mucha gente son terreno propicio para las opiniones: cumpleaños, reuniones, lo que sea. Estoy llena de opiniones últimamente pero decirlo me hace feliz, me encuentro mucho mejor con todas estas opiniones. No. Afortunadamente desaparecerá la mayoría, los hechos las hacen retroceder o encuentro otra opinión que tiene más virulenciae, que se pega a mis membranas mentales y empuja fuera a la opinión previa. Lisette Thooft en ‘Zen y el arte de no pensar’ (en holandés).

Parece difícil y es un desafío librarsse de todas las opiniones pero realmente no es para tanto porque significa que, sin opiniones, tenemos mucho espacio y atención disponibles, en cuanto rompemos este ciclo. En general lo que nos produce escalofríos es experimentar esa cantidad de espacio.
Podemos hacer otra cosa con todo este espacio renovado y atención disponible. Por ejemplo, usar los sentidos para permitir que entre más de la cantidad  innumerable de conexiones posibles con la belleza cotidiana. Ya sea un sonido, un olor o ver algo.

Primero nos apoyamos en nuestro espacio interior abierto. Interrumpimos la mecánica de formar continuamente opiniones, juicios y creencias: cambiamos la atención.

El momento de enamorarse siempre ocurre en el espacio abierto, entre nuestros pensamientos y las nubes de pensamientos  (opiniones y creencias). Algo nos llama la atención de repente. De repente nos enamoramos: retrospectivamente sabemos cuándo y dónde ¡pero el momento en sí llega como una sorpresa total! 

Nuestro mundo cotidiano es hermoso, ¡mira!

Es invisible para los ojos lo que sentimos que nos llama la atención: no podemos ver el relámpago de percepción, lo sentimos. Pero nuestros ojos se convierten en la puerta directa para expandir nuestro amor y gratitud al prepararnos para explorar más el mundo visualmente. 

Los ojos abiertos por completo y seguimos mirando.
Cuanto más miramos, más vemos el color, la frescura y lo fantástico que es el mundo.

Miren. ¡Éste es su mundo! No pueden dejar de mirar. No hay otro mundo. Éste es su mundo, éste es su festín. Lo han heredado, han heredado los globos oculares, han heredado este mundo de color. Miren la grandez de toda la cosa. ¡Miren! No vacilen… ¡miren! Abran los ojos. No parpadeen y miren, miren… miren más. C. Trungpa en Shambhala: la senda sagrada del guerrero


©Hèlen A Vink, Zandvoort  (Países Bajos)