Dios está en los detalles

La puerta principal es el interés y la valoración de los detalles; de uno mismo, de la conexión con el mundo sagrado de belleza y brillantez, de la conciencia acrecentada, de soltar cualquier tipo de resistencia, de sentirse conectado a lo divino de todo lo-que-es.

La belleza verdadera y pura se nos muestra a través de la atención profunda y el interés sostenido. Se revela lo divino de todo lo-que-es.

Una percepción a cada instante.  La base de la práctica de miksang consiste en empezar a descomponer el mundo de la forma. En ese sentido, descomponer el mundo de la forma significa pavimentar un camino para poder ver más allá de los conceptos, más allá del consenso que ya hemos alcanzado hace tiempo de nombrar y etiquetar continuamente las cosas y las situaciones que nos rodean.

El objetivo de descomponer es implicarse con un elemento de la forma, con una percepción a cada instante. Esto es una gran ayuda para simplificar la entrada continua del mundo cotidiano: centramos los sentidos.

Lo que surge inevitablemente de esta exploración visual y perceptiva, explorando las partes más pequeñas, es el asombro por la cantidad enorme de percepciones. Al entrar continuamente en lo que nos resuena de lo que se muestra en el mundo diario, establecemos nuestra mirada, nuestra vista y nuestro ser. 

¡Y el mundo se abre por esa valoración de los detalles de la belleza en un mundo más grande!

Pero valorar el detalle puede ser un desafío. En la cantidad enorme de corrientes y riqueza del mundo moderno actual puede resultar un desafío sentir la valoración de los detalles que nos rodean.

El aforismo «Dios está en los detalles»* se atribuye en general al arquitecto y diseñador Mies van der Rohe, y describe la forma en que diseñó y prestó atenvción minuciosa a la ejecución de sus diseños minimalistas en los que los detalles completaban el todo. ‘Más es menos’ define su visión.

Valorar lo sagrado empieza muy sencillamente por interesarse en todos los detalles de la vida. El interés consiste simplemente en aplicar la conciencia a lo que ocurre en la vida cotidiana: la conciencia cuando se cocina, la conciencia cuando se conduce, la conciencia cuando se cambian pañales, y hasta la conciencia en las discusiones. Semejante conciencia puede contribuir a liberarnos de la velocidad, del caos, de la neurosis y del resentimiento de todo tipo. Puede liberarnos de los obstáculos en el momento presente para poder alegrarse al instante, todo el tiempo.

C. Trungpa, de «Shambhala: la senda sagrada del guerrero»

*El aforismo «Dios está en los detalles» se atribuye originalmente al escrito francés Gustave Flaubert: ‘El buen Dios está en el detalle».
©Hèlen A Vink, Zandvoort, 16 agosto 2015