Es lo que ves

Lo que importa no es lo que estás mirando sino lo que ves.

Henri David Thoreau

En cuanto abrimos los ojos, miramos

Los ojos son como lentes, claras y agudas sin cesar.
Una lente registra todo lo que tiene de frente, da igual que el objetivo se acerque o se aleje.

Pero ¿qué ves?
La percepción visual es un proceso paulatino que siempre comienza con un primer contacto, muy directo: un impulso, una atracción. Sólo lo percibes tú, es muy personal y excepcional.
Ves algo, de repente.
Luego miras más y sientes.

Lo sientes con los ojos: ¿qué textura tiene, qué oigo, qué toco?

Permitir que el proceso entre
Cuando se permite este proceso paulatino y directo, la experiencia sensorial directa, se deja que entre, tienes un interés real. Te comprometes a lo que se produce. Tanto con el objeto de percepción como contigo. Una experiencia vívida que muestra su sabor y textura plenos, experimentas la comunicación completa.

Uno/una realmente ve.

Pero también
A veces vamos saltando con la atención de un lado a otro en vez de experimentar la plenitud de la percepción sensorial. Vemos algo, lo tocamos, rebota en un borde aguado, soltamos, regresamos a ello y comenzamos un diálogo interno. Que la mayoría de las veces comienza al poner nombre a lo vemos, oísmos, saboreamos o tocamos: ‘Es un…’ y luego: ‘me gusta’ o ‘no me gusta’, ‘no está bien, debería ser distinto’,’lo he visto en algún sitio el año pasado’, ‘realmente se veía mejor ahí’, ‘no parece tan bonito’, ‘prefiero…’ o ‘mejor me olvido de esto’, etc.

Esta tendencia a dar saltos incesantes en cuanto vemos algo nos resulta a todos muy familiar. Y así cambian las percepciones visuales lentamente en la realidad diaria tal como la conocemos.

La experiencia relativa

Al recibir una percepción visual y sentir que la convertimos en personal, empezamos a formar opiniones y creencias: ‘me gusta’, ‘lo compro’ o ‘no me apetece’, ‘no me gusta’. Este proceso se produce en una fracción de segundo, muy rápido, sencillo y todo el tiempo.

La experiencia absoluta
Al sentir la percepción visual nos mantenemos en la experiencia de verla, tal como es. Tocamos como es.
Luego somos el sujeto visual, sin necesidad de aceptar ni rechazar. En esta característica de quietud no hay necesidad de formar opiniones ni llevar el diálogo interno muy lejos. Sólo mantenemos la atención completa en mirar, ver y descansar en el ser. En quietud y en calma.

Como una rana en medio de un estanque sentada bajo la lluvia. Las gotas de lluvia caen sobre la rana que parpadea pero sigue quieta. No necesita saltar dentro o fuera del estanque.

Foto ©Hèlen A Vink, Zandvoort, 30 octubre 2015

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