La disciplina de la espontaneidad

¿Hacer un montón de fotos y esperar a que salgan algunas?
O…
¿Hay otra manera?

Sí, la hay.

Cualquir foto que hagas puede ser sobre la marcha.
Sobre la marcha: un instante, un disparo.

La esperanza (de que funcione) y el miedo (de que no funcione) no forman parte de este método pero con mucha probabilidad ¡forman parte de tu proceso al hacer fotografías!

Así que vamos a empezar por el principio: mirando porque ver es el resultado natural. Cuando miramos, vemos.

Después añadirmos curiosidad y la ponemos en práctica: si realmente miras ¿qué ves?

Esto es la base de la fotografía contemplativa.

  • Mirada atenta
  • Confiamos en que los ojos siempre ven lo que está ahí
  • Ten curiosidad

Ahora hay que hacer lo siguiente: el no-hacer.
Es decir, realmente tenemos que relajar nuestra «proyección». No se necesita ninguna otra relajación más que ésta concreta. Dejamos de proyectar nuestra proyección en todo y todos los que nos rodean y en nosotros. Dejamos descansar las ideas y la cadena de pensamientos. No seguimos la pista de los pensamientos, los dejamos de lado.

Entonces podemos conocer la quietud interior, la conciencia que está siempre presente en todos nosotros.

Vemos algo a partir de este espacio abierto interior, de esta quitud interior, de la conciencia interior siempre presente.
Sin ningún origen. Y reconocemos que algo nos llama la atención.
Nos resuena algo de lo que más cercano que tenemos alrededor, y lo notamos.

Nos comprometemos y hacemos una foto. De lo que vemos.
Porque elegimos hacerlo así.

La disciplina es mirar desde nuestra quietud interior.
Espontáneamente vemos algo que surge con naturalidad.

©Hèlen A Vink
30 de enero de 2015, Zandvoort