La magia de no saber

Lo inesperado es una de las señales de la magia de la fotografía contemplativa miksang.

También es la fuente de la la magia.

Lo inesperado surge del espacio abierto de no saber.

No saber carece de expectativas, de prejuicios, sin ambición artística: libre, abierto y jubiloso.

Sin planes

Cuando salgo a pasear con mi cámara, la alegría más grande es no tener planes y tener intención de mirar y ver sin prejuicios. No tengo ni idea de lo que voy a ver y percibir jubilosamente, ni idea del tipo de fotos ni de la cantidad de fotas con las que regresaré. Salir sin tener ni idea: abierta y curiosa.

La aventura al aire libre empieza en cuanto cierro la puerta de casa.

Hacer

Lo que «hago» realmente es prestar atención. Estar relajada pero atenta.
Prestar atención estando despierta y alerta cuando algo visual resuena, repentinamente. Magia.

Lo siguiente se convierte en práctica:

  • Me detengo
  • e invierto tiempo en mirar más hasta que se aclara lo que veo con precisión: qué forma parte y qué no forma parte de mi percepción
  • con el método de miksang: una serie de pasos prácticos de forma metódica antes de apretar el disparador.
  • Invierto tiempo en fotografiar mi percepción directa: no se pierde nada y no se añade nada
  • mucho tiempo o poco tiempo, hasta que está completamente terminada
  • sin ninguna expectativa ni insistencia sobre el posible resultado fotográfico.

Mirar más

La profundidad y la alegría también reside en mirar más antes de «hacer» algo. En ese sentido mirar más significa: mantener en contacto la conexión del corazón con el despliegue de algo que he notado y he visto muy directamente. Ya sea sólo forma, algunas superficies, algo sencillo, un momento, un haiku visual, la presencia peermanente de algo o una combinación: algo que sale de la diversidad de la abundancia visual cotidiana.

Noto algo.
Lo reconozco.

Lo admito
.
Lo incorporo.
Lo agradezco.
Me comprometo con la expresión fotográfica
.
Y entro en el proceso práctico de la expresión fotográfica con la cámara: por ejemplo, lo agudo que es lo que veo, cuánta profundidad de campo necesito para reflejar exactamente cómo lo veo.
Siempre un paso tras otro.

Pasear despacio

Mientras paseo despacio y sin saber por el bulevar de la ciudad donde vivo, disfrutando la abundancia de comodidad y alegría, al final de la tarde justo antes del atardecer, también disfruto los colores y formas sutiles del cielo sobre el océano.

Y de pronto…

«¿Es eso?», escucho a mi lado.
Miro a mi lado y veo a un niño pequeño a la altura de mi cámara, que acabo de soltar del hombro.
«¿Qué…?», respondo.
«¿Es eso?» y señala la cámara colgada de la correa a mi lado.
«Sí», le digo.
«¿Por qué?», pregunta.
«¿Qué te parece?», le pregunto.
«Para fotografiar, umm… fotografiar fotos…», titubea,  ligeramente entusiasmadp.
«Para fotografiar el cielo», le digo.
«¡Pero es completamente gris!», grita mientras continúa paseando y yo estoy lista para quedarme quieta y continuar mi exploración visual.
«Sólo tienes que mirar bien», le invito.
El niño se detiene un poco más lejos y mira al cielo sobre el océano con el ceño fruncido. De pronto exclama y lanza los brazos al aire exultante al mismo tiempo: «¡es azul y gris!»
«Síiiiii» y me río.

La magia de un encuentro inesperado bajo un cielo coloreado. 

©Hèlen A Vink, 18 diciembre 2016, Bulevar de Zandvoort