Rendirse a no saber

¿Por qué rendirse a no saber?

Con todo el conocimiento adquirido y las habilidades aprendidas al final anhelamos sencillamente y siempre percibir íntimamente, no desde la distancia. Recibir íntimamente con las percepciones sensoriales siempre es una experiencia directa y vívida, y muy personal.

Para recibir y sentir la experiencia el tiempo suficiente para poder expresar el despligue siguiente con libertad y sin inhibiciones, tenemos que rendirnos.

Porque es natural expresarse y la manera más satisfactoria de expresarnos es sin exceso ni defecto, sin timidez ni necesidad de sentirnos gratificados. Desde el lugar equilibrado de todo lo aprendido y adquiriso, con plena pasión pura.

Rendirse

Esto necesita que nos rindamos: nuestros conceptos, nuestras ideas mentales sobredosificadas, nuestra falta de creencias y nuestra ambición artística.

Y nos rendimos a no saber: al espacio abierto de la alegría, de la sabiduría natural, la claridad y la viveza.

Igual que los niños juegan simpemente porque disfrutan.Su capacidad de juego procede de la naturaleza misma de la alegría desinhibida.

Alegría como los niños

Ya sea un poema, una danza, una escultura, un cuadro o una foto: para que los adultos y para tener alegría como niños, primero tenemos que rendirnos. Al espacio ilimitado y gentil de no saber, en el que los pensamientos sólo pasan sin dejar huella.

En esa ligereza espaciosa de no saber hay espacio para la inspiración que nos llega a través de nosotros mismos.

©Hèlen A Vink, Zandvoort, 13 abril 2014